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Gus: He cometido amor y otros delitos

«I’m a poor lonesome cowboy and a far way from home…» así canta Lucky Luke en la última viñeta de sus aventuras, en un clásico que se ha convertido en un cliché. Reneé Goscinny y Morris, los creadores del personaje, pudieron sin duda crear una variación dentro del arquetipo del genero western, basada en la estratificación de las vicisitudes de Lucky Luke y la caricatura de sus oponentes. De hecho, la esfera de acción de los episodios de Lucky Luke siempre coincide con la aventura: no hay retrasos ni tiempo perdido. Todo es funcional para la historia, y los aspectos relacionados con la privacidad de Lucky Luke están agotados en el espacio de la misma.

El género western es quizás el que mejor se presta a la visión de arquetipos y estereotipos, o al menos eso es lo que nos ha enseñado el cine, véase por ejemplo todos esos personajes graníticos con toda una historia construida alrededor de ellos para enfatizarlos en comparación con los otros habitantes del oeste.

¿Pero por qué he escogido empezar el articulo con la variante del genero que ha sido capaz de crear Lucky Luke? Bueno, en primer lugar porque, creo yo, es una de las piedras angulares de la narrativa relacionada con el tema western; y luego porque está estrechamente relacionado a la obra de la que hablaré esta semana, Gus. De hecho, las dos son producciones franco-belgas. Por lo tanto, podemos intentar proporcionar un interesante contexto de comparación.

Gus es la historia de las aventuras de una banda de criminales que debe hacer frente a robos, asaltos a trenes y diligencias, bebiendo y jugando a poker, pero sobre todo lidiando con el amor. El autor de la obra, Christophe Blain (Gennevilliers, 1970), ha concebido un salvaje oeste un poco menos salvaje de lo que estamos acostumbrados. Gus es, de hecho, un soñador romántico, incluso un poco aturdido. Desde las primeras páginas, sueña con conquistar a una bella dama burguesa, inalcanzable. Es, dentro de todas ellas, donde vemos como trata con las amables mujeres de la ciudad, pero siempre manteniéndose atento a los buenos modales. Esa infatigable búsqueda del amor, lo lleva al punto de involucrar hasta a sus compañeros de banda. Mientras tanto, durante el día, su actividad criminal no para, aunque a menudo se le encuentra con la cabeza en las nubes, pensando en sus amores.

La vida de Gus y los otros dos protagonistas, Clem y Gratt, está lejos de ser una única aventura. Más bien, pasan la mayor parte de su tiempo entre salones y los innumerables intentos de acercarse a la mujer más cautivadora del pueblo. Los momentos en que Gus y su pandilla tienen realmente la oportunidad de robar un banco o una diligencia son ocasionales y, sobre todo, repentinos y ardientes. Así Blain ha decidido construir su narrativa, creando algo nuevo y nunca visto.

Podríamos decir que si, por un lado, un western “clásico” nos hubiera mostrado a los bandidos con la única intención de disparar y ya agotar así de esta manera sus aventuras (como en el mencionado Lucky Luke, por ejemplo), por otro lado Blain decide contarnos el momento siguiente a esa acción, en el que los bandidos disfrutan del botín y lo dilatan; la esencia verdadera de la narración se centra en los personajes. Este cambio del género tradicional western fluye, en las páginas de Gus, con consistencia, gracias al delicado y deformado signo de Blain. Sus personajes se mueven de forma plástica e igualmente torpe, humanizando así el estereotipo violento y extremo del far west.

En el primero de los cuatro volúmenes publicados actualmente, Nathalie, el autor, por lo tanto, se concentra en presentar los eventos y la agradable «rutina» de los protagonistas, que disfrutan de la vida. Su tiempo pasa entre: leer un libro centrado en una mezcla de aventura y amor, enamorarse y cantar canciones juguetonas a caballo.

«I’ve committed love and other crimes» canta Clem en un momento relajado de la narración: este momento es una clara declaración que representa los diferentes tonos de la historia en los que se enfoca Blain. En el Viejo y Salvaje Oeste, ya sabes, no hay espacio para tonterías, y tampoco hay tiempo para distraerte de tu misión o perderte en conversaciones inútiles o conocer realmente a los protagonistas, porque incluso antes de saber quiénes son en realidad, estarían probablemente muertos. Gus, en cambio, nos devuelve la idea de un western alegre, a veces cómico, centrado en el amor romántico y la imposibilidad, al menos para Gus (el perdedor eterno en el amor, pero que nunca se rinde), de alcanzar el objeto del deseo: una mujer.

Otro punto que importa mucho a Blain es la atención a la psicología de los personajes: la narración es sabia, pero el contenido de las historias podría compararse con el de un feuilleton. Lo que realmente importa es la esencia intima de los caracteres: los personajes de Blain son siempre reconocibles, cada uno con sus marcadas características, aunque sin caer en el aburrimiento o en la evidencia, porque Blain, juega constantemente contigo a que vayas descubrimiento nuevas peculiaridades y cambios en estos personajes según van evolucionando las tramas y las situaciones vividas, asi que, el autor, acaba por llevarlos a tu terreno y que te sea imposible no cogerles cariño.

A lo largo de la historia, aprendemos a conocerlos más y más y el hecho que la serialización de Gus se estira desde hace más de diez años (el primer volumen fue estrenado en 2008), permite que el tono de la serie tome una forma siempre diferente, constituyendo así la principal peculiaridad de Gus. Efectivamente, tiene sentido: diez años son muchos y el estilo de Blain ha evolucionado en cada volumen: los personajes también cambian, aunque siguen permaneciendo fieles a ellos mismos.

Si, de hecho, hay un elemento que debe ser altamente apreciado de Gus, es precisamente el carácter de «trabajo abierto» que Blain ha dado a su criatura: la imposibilidad de encasillar la serie dentro de un solo surco específico, devuelve una imagen siempre diferente, como si se reflejara en un prisma. Esto es una de las fuentes de fortaleza de este trabajo. Gracias a esta increíble capacidad de ofrecer al lector una interpretación revolucionaria del género western, Blain se confirma sin duda como uno de los más grandes maestros de la band dessinée y de la escena del cómic europeo contemporáneo.

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